domingo, 6 de mayo de 2012

El enredo de la bolsa y la vida, otra genialidad de Eduardo Mendoza

El enredo de la bolsa y la vida, de Eduardo Mendoza (ed. Seix Barral, 2012) es la nueva aventura de su anónimo y peculiar detective protagonista de El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras, que regresa a la acción en tiempos de crisis.


Eduardo Mendoza repite la misma fórmula que en su anterior novela La aventura del tocador de señoras, para ofrecernos una historia muy divertida, con personajes surrealistas y situaciones hilarantes, y un protagonista que ya es un clásico de nuestra literatura, un personaje que no tiene vocación de investigador pero que, contra su voluntad, se verá nuevamente sumergido en una aventura que servirá al autor para ofrecernos una sátira de la actualidad con un sentido del humor contagioso y un ácido tono crítico.

La novela comienza con fuerza, con el protagonista asistiendo a la investidura del doctor Sugrañes como doctor honoris causa, un hombre con el que había tenido en el pasado “pequeños malentendidos, ligeras discrepancias y unas cuantas agresiones físicas”. El acto se convertirá en una experiencia humillante para él y le permitirá reencontrarse con Rómulo el Guapo, antiguo compañero de sanatorio, con el que llevaba años sin verse.

La presentación de Rómulo resulta muy divertida, con la narración de dos episodios hilarantes. El primero, un atraco a una sucursal que días antes le había concedido un crédito con el que compró las armas y material necesarios para el robo. Y, en segundo lugar, un patético intento de secuestro de avión en el que viajaba un conocido equipo de fútbol.

Pero lo más importante del encuentro con Rómulo será la propuesta que éste le va a hacer: “he planeado un golpe. Algo sensacional. Sin riesgo, sin mucho trabajo, sin contingencias. Todo está a punto. Solo falta el equipo”. El protagonista rechaza la propuesta de unirse al equipo porque ya quedaron atrás los años en los que sus malos pasos le llevaron al sanatorio. Se sentía rehabilitado, había pagado su deuda con la sociedad y quería seguir siendo un ciudadano ejemplar. Pero días después, la aparición de Quesito, una adolescente para la que Rómulo había sido como un padre, cambiará radicalmente sus planes.

Quesito sospecha que a Rómulo le ha pasado algo malo y le pide que investigue su misteriosa desaparición. Con el negocio de la peluquería de mal en peor, sin dinero, con escasos recursos, pero enternecido por la situación de la joven, comenzará su particular investigación que le llevará hasta un misterioso centro de Yoga.

Contará con la ayuda de un peculiar equipo: el ex-timador “el Pollo Morgan” y el Juli, dos estatuas vivientes que se convertirán en sus ojos; la Moski, una acordeonista callejera del este que no sabe tocar el acordeón; un repartidor de pizzas y su hermana Cándida que jugará un papel crucial. Las reuniones del grupo se celebrarán en el restaurante Se vende perro, regentado por el señor Armengol. En su interior, asistiremos al descerebrado cruce de opiniones e ideas sobre la marcha de una investigación con muchos hilos sueltos.

El caso se volverá cada vez más peligroso y despertará el interés de la Subinspectora Arrozales, de los servicios especiales de la Seguridad del Estado, interesada en dar caza a un peligroso terrorista, de peculiar nombre, que anda suelto por Barcelona. Todo culminará en una operación final apoteósica, genial, que pondrá el broche a una gran novela.

El enredo de la bolsa y la vida se lee de un tirón, mientras asistimos a diálogos hilarantes y situaciones muy divertidas. Casi en cada página encontraremos frases, personajes, conversaciones o episodios que nos harán sonreír, cuando no reír a carcajadas. Eduardo Mendoza sigue en plena forma, ofreciéndonos una novela que divierte y entretiene, a la vez que reflexiona sobre la situación de nuestra sociedad realizando una acertada crítica.

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2 comentarios:

Mateo dijo...

¡Qué casualidad! Empiezo a leerlo hoy mismo. Solo leí una página y ya no.lo puedo dejar.
¡Gracias por la reseña!

Miguel Ángel dijo...

Gracias a ti, Mateo. ¡Disfrútalo!