miércoles, 9 de diciembre de 2009

“El hombre inquieto”, el broche de oro a la mejor saga de novela policíaca

Salvo sorpresas, con “El hombre inquieto” (ed. Tusquets, 2009) llegamos a la última novela de la serie protagonizada por el inspector Wallander. Henning Mankell ha conseguido una despedida redonda que nos deja con la tristeza de perder a un personaje que ya forma parte de nosotros, pero con la satisfacción de hacerlo por la puerta grande.


La trama policíaca de la novela no es la mejor de la serie, lo cual no quiere decir que no sea buena, ni mucho menos.. ¡es que el listón está muy alto! Pero, en realidad, la investigación es lo de menos, lo mejor de esta novela lo encontramos en el personaje de Wallander, que se presenta como protagonista indiscutible de toda la historia, ajustando cuentas con su pasado personal, familiar y profesional. El final que ha preparado Mankell para su personaje es emotivo, valiente y original, ante el que no queda otra cosa que felicitarle. Si, finalmente Wallander vuelve a protagonizar otra historia, estaremos de enhorabuena. Si ésta es la última novela, como todo parece indicar, podemos afirmar que el broche final ha estado a la altura de toda la serie.

Desde el principio de la novela, encontramos a un Wallander diferente. El tono de la novela ya nos hace sospechar que estamos ante una despedida. Kurt está a punto de cumplir 60 años y lleva 5 años viviendo en el campo tras abandonar su apartamento de Mariagatan, un sueño que llevaba varios años deseando cumplir ya que “el apartamento le traía a la memoria demasiados recuerdos nostálgicos que acrecentaban su sentimiento de soledad”.

La cercanía de los sesenta, le llevan a plantearse su vida, no quiere envejecer en soledad, no cree en Dios, por lo que no puede hallar consuelo “pensando que lo aguardaría algo al otro lado del río de oscuras aguas”. Lucha por no convertirse en “un hombre huraño y amargado y envejecer en soledad”.

Dubitativo, nostálgico, descolocado, Wallander hace balance de su vida y se enfrenta a una pregunta que le inquieta: “¿Qué me espera a partir de ahora?”. La noticia de que su hija Linda se ha quedado embarazada, es un soplo de aire fresco en la vida del inspector que ahora se prepara para ser abuelo. A pesar de la llegada de su nieta, la vida de Wallander continúa sumida en el desasosiego y la desolación interior “era como si todo él, de forma imperceptible, estuviese transformándose en un reloj de arena cuyos granos fuesen cayendo silenciosos”.

Wallander viaja un día a Estocolmo, acompañando a su hija, para celebrar el cumpleaños de su consuegro, Hakan, “un antiguo capitán de fragata que había tenido bajo su mando tanto unidades submarinas como naves de superficie especializadas en la detección de submarinos”. Los dos tienen una conversación en la que Kurt percibe que el hombre muestra cierta inquietud que no sabe muy bien cómo explicar. Pocos días después, desaparece sin dejar rastro.

L a investigación del caso por parte de la policía de Estocolmo no da frutos y Kurt relaciona su desaparición con la conversación que mantuvo con él en el día de su cumpleaños. Sospecha que todo está relacionado con la historia que le contó sobre la violación de aguas territoriales suecas por parta de varios submarinos soviéticos a principio de los años 80. Hakan sospechaba que había un espía sueco que le pasaba información a los rusos y durante 25 años había estado investigándolo.

Wallander se sumerge en una investigación que le llevará a los años de la guerra fría, en una historia “sobre los condicionantes de la política, un viaje por el pantanoso terreno en que la verdad y la mentira se intercambian la apariencia”. Varios años después de la guerra fría y de la caída del muro de Berlín, “sombras del pasado volvían a surgir”.

Esta historia es la trama principal de la novela, en la que Kurt sospecha que la familia de Hakan guarda secretos oscuros bajo una apariencia de amabilidad y felicidad, porque “una actitud abierta y accesible puede ser una especie de candado invisible con el que encierran una realidad que no tienen el menor deseo de desvelar”.

El caso tiene varias dificultades, por una parte es la policía de Estocolmo quién se encarga de la investigación, él lo hace a nivel personal, con las limitaciones que eso conlleva. Por otra, es un caso que afecta a la familia del novio de Linda, por lo que su hija puede verse afectada por lo que descubra.

Esta situación de Wallander es novedosa. Ya no lo vemos como el jefe de investigación, dirigiendo de forma eficiente a su equipo policial. Aún así, se presentan casos secundarios que resuelve a lo largo de la historia y que, a pesar de su corta extensión, no están elegidos al azar, el autor realiza una disección magistral de la sociedad sueca a través de ellos.

Además, como colofón a la despedida que se vislumbra, Wallander va recordando todos los casos que ha investigado en el pasado y que componen los diferentes títulos de la serie. También volverá a reencontrarse con las personas que fueron importantes para él en su pasado y que marcarán sus reflexiones sobre su presente y futuro.

Henning Mankell realiza un homenaje a su propio personaje, y nos lo presenta en su faceta más humana y débil. Esta característica, que ha presidido todas las novelas, se acrecienta en esta ocasión. Wallander tiene pánico de envejecer, no quiere convertirse en alguien como su padre, observa impotente como su cuerpo y su mente se van deteriorando, con varios episodios preocupantes que le desconcertarán. A pesar de todas las adversidades hará todo lo posible por resolver un caso en el que su intuición volverá a ser puesta a prueba, aunque en esta ocasión él mismo dudará de su eficacia.

Cuesta despedirse de un personaje que me ha hecho disfrutar con locura de sus novelas. Me ocurrió lo mismo cuando tuve que despedirme de Poirot en “Telón”. En aquella ocasión el adiós era definitivo y esta vez todo parece indicar que también, aunque siempre hay una puerta a la esperanza…

Pero no quiero decir un ¡Hasta siempre, Wallander! A partir de ahora, cada cierto tiempo, volveré a sumergirme en sus aventuras, comenzando por “La pirámide” (los relatos anteriores a su primera historia), continuaré con “Asesinos sin rostro”, la primera novela de la serie, y continuaré con el resto de títulos, disfrutando de la mejor serie de novelas policíacas que he leído.

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3 comentarios:

Sol dijo...

Yo también tengo pendiente releer todo Wallander por orden. Las lecturas de sus libros han sido a medida que se han ido publicando y no seguían orden cronológico alguno.
Me fastidia que se acabe, la verdad. Pero siempre nos quedará la relectura.

Rosalía dijo...

La serie Wallander me gustó mucho, sólo tengo pendiente este último libro. Me resisto a creer que ya no habrán más ...

Saludos!

Juanan dijo...

Entrañable Wallander; lo que viene después es privado... no creo que vuelva a aparecer, a no ser pintando paisajes con y sin urogallos en novelas protagonizadas por Linda.