martes, 30 de agosto de 2016

Los días entre el mar y la muerte

«Van a matar a tu hijo. Escóndelo donde no lo encuentren. Apenas te queda tiempo»

Los días entre el mar y la muerte, de Luis Herrero (ed. La Esfera de los libros, 2011) comienza con esta llamada telefónica que cambiará la vida de Berenice Gallén y dará inicio a una aventura que se extenderá durante 17 años y que se adentrará en un tema turbio y, tristemente, de actualidad como es el de las redes de robos de recién nacidos.

En las primeras páginas acompañaremos a Berenice en una huida desesperada por salvar la vida de su bebé recién nacido, mientras conocemos las circunstancias que le han llevado a esa terrible situación. Alrededor de la protagonista se presentarán una serie de siniestros personajes, algunos situados en la cumbre del poder, que tienen como único objetivo eliminar al bebé.

Diecisiete años después, la acción se sitúa cerca de Benidorm, con dos jóvenes, Jaime e Irene que unirán sus caminos en una aventura llena de peligros. Jaime es aficionado a la novela negra e intenta emular al detective Sam Spade. Por su parte, Irene colabora en un periódico y “contrata” a Jaime para que la ayude a encontrar un cadáver y descubrir las evidencias de un asesinato.

Acompañados de otros jóvenes como Alba, una chica que vive una compleja situación, se aliarán con un personaje enigmático, un rastreador de estirpes y con un conocido escritor, cuyo nombre será reconocible para el lector. Juntos seguirán la pista de un asesino, en una investigación que se conectará con el pasado y que se convertirá en una peligrosa aventura en la que sus vidas correrán serio peligro. Las respuestas se encuentran en una caja fuerte de un banco de Suiza que solo una persona podrá abrir.

La novela resulta interesante en su trama policíaca, destacando especialmente los personajes de Jaime e Irene. El joven es aficionado a la novela negra americana, se tenía a sí mismo “por un tipo fuerte y sufrido, educado en la dureza de los diálogos de Chandler, Cain y Hammet, el triunvirato glorioso de la novela negra americana, mi guía espiritual, la escuela de valores que había decidido imitar tan pronto como tuviera edad para permitírmelo”.

Irene, por otra parte, es una joven decidida, valiente, con fe en un dios que controla la creación y que recibirá un sabio consejo del escritor, “espero que nunca dejes de defender tu opinión, sea lo que sea, aunque vaya contracorriente”.

Además, no puedo dejar de señalar otros dos personajes, por una parte el mar Mediterráneo y, por otra, la joven Alba, admiradora de Poirot, “las pequeñas células grises de Hércules Poirot, el único detective a quien de verdad respetaba, siempre podrían más que el hocico de un sabueso, aunque fuera el mejor de todos los sabuesos”.

Estamos ante una novela con dos líneas de acción, separadas en el tiempo en 17 años, pero que se unirán hasta llevarnos a un acertado final. En sus páginas encontramos a unos personajes en busca de su verdadera identidad y necesitados de redención y perdón.
 
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