
El viaje provocará momentos de tensión con Carine, que reflejarán las diferencias entre la cuñada y el resto de hermanos. La boda va a permitir que los cuatro hermanos se reencuentren, aunque un obstáculo de última hora provocará que tengan que improvisar para poder reunirse. Durante el trayecto hasta el encuentro, Garance nos presentará a sus hermanos: Simón, el mayor, que "no se irrita nunca, nunca habla mal de nadie, no tiene malicia ni juzga a sus semejantes"; Lola, su hermana mayor, con una imaginación desbordante; y el hermano pequeño, Vicent, que trabaja en un castillo y ha tenido que inventarse una curiosa actividad para ganarse la vida. Los hermanos no se juzgan entre ellos, se aceptan tal como son, algo que irritará en gran manera a Carine.
Este conflicto con su cuñada mostrará la necesidad de arriesgar y ser valientes en la vida, disfrutar de cada momento, aprovechar cada etapa exprimiéndola al máximo. Pero debajo de la fachada, hay heridas y traumas provocados por la educación que han recibido. Hay un anhelo de encontrar equilibrio emocional y una relación estable. Pero durante unos momentos, los cuatro hermanos vivirán una tregua, un instante de gracia, un trozo de infancia. La sal de la vida destaca por su frescura y sencillez.
En pocas páginas, Anna Gavalda nos transmite una emotiva historia de amor entre cuatro hermanos que se necesitan y se complementan, pero que deben afrontar también la necesidad de seguir hacia delante y llenar el vacío que hay debajo de una fachada de felicidad. El relato es una invitación a ser libres, atrevernos a expresar nuestros sentimientos, quitarnos ataduras y volar.
(Reseña publicada en MujerdeHoy).
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