
Al mismo tiempo que decide ayudar al inspector, le llega también una petición de investigación en un juzgado. Se están produciendo demoras injustificadas en los casos, y todo apunta a la jueza Coltellini y a su ujier jefe, entre los que hay una extraña relación.
Los dos asuntos son en principio menores y Brunetti puede comenzar las vacaciones con su familia, demostrando nuevamente que es un hombre hogareño. Cuando comienza el viaje se encuentra “inundado de alegría. En paz, viajando hasta el norte, rodeado de lo que más quería en el mundo”. Pero una llamada anunciándo que se ha cometido un asesinato le obligará a volver.
Brunetti se sumergirá en el “mundo de la fe y de sugestión y de las más descarada forma de engaño” por un lado, y también en la corrupción judicial, con un caso que desvela fraude y miserias en la administración estatal, aunque Brunetti, descreído, ya no se escandaliza por ningún tipo de corrupción, “si en el Parlamento se sentaban decenas de encausados, ¿quién podía creer en el imperio de la ley?”. En la investigación volverá a contar con la inestimable ayuda de su eficiente secretaria y las conversaciones con su esposa Paola nos ofrecerán ricas reflexiones políticas y metafísicas.
La ciudad de Venecia vuelve a ser un personaje más de una novela que desvela nuevamente las miserias del hombre y de un sistema que ha defraudado a los ciudadanos, tanto en lo político, “Los políticos hablaban mucho de cambio y prometían cambio, pero ni uno solo mostraba el menor deseo de cambiar un sistema que tanto favorecía sus verdaderos fines”, como en lo judicial “la función de la Justicia no era descubrir la verdad sino la de imponer el poder del Estado a los ciudadanos”. La novela se desarrolla en Italia, pero seguro que todos nos podemos identificar con su contenido…
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