viernes, 6 de noviembre de 2009

"El símbolo perdido", de Dan Brown

Después de la polémica producida por su novela “El código da Vinci”, la publicación de la última novela de Dan Brown, “El símbolo perdido” (ed. Planeta, 2009), ha levantado una expectación sin precedentes.

He terminado su lectura y os quiero dejar con mis impresiones sobre esta novela. En primer lugar os contaré las líneas generales del argumento, pero tranquilos, sólo voy a hacer una presentación de los personajes y de la trama principal, no desvelo nada sobre el desarrollo de la historia.

Dan Brown repite protagonista con Robert Langdon, profesor de simbología religiosa en la universidad de Harvard (Cambridge). Langdon tenía previsto pasar un domingo tranquilo en casa, pero una llamada del ayudante de Peter Solomon a las 6 de la mañana cambió sus planes. Solomon era un masón, filántropo, historiador y científico que había tomado a Langdon bajo su protección treinta años atrás. Necesita que Langdon viaje a Washington para sustituir a una oradora que se había puesto enferma y tenía que dar un importante discurso. Cuando Langdon llega a Washington descubre que ha sido engañado y tendrá que participar en una carrera contrarreloj para salvar la vida de Peter. Langdon es víctima de un juego perverso planificado por una mente enferma que le invita a participar del juego y descubrir un antiguo portal que da acceso a los secretos del saber antiguo. La trama principal del libro es la carrera que emprende Langdon por descubrir qué ha ocurrido con Solomon y qué pretende la persona que ha planificado el maquiavélico plan.

En su investigación contará con la ayuda de Katherine Solomon, hermana de Peter, una científica muy peculiar, dedicada por entero a su trabajo y que ha convertido a la ciencia en su pareja. El campo en el que trabaja es la ciencia noética y sus dos libros la habían situado como la principal figura de ese oscuro campo. La ciencia noética intenta descubrir y comprender el poder de la mente humana. Los descubrimientos que había realizado hasta la fecha tenían ramificaciones en varias disciplinas: “física, historia, pasando por la filosía y la religión.”

El asesino de la novela es un personaje sorprendente e inquietante. Se llama a sí mismo Mal’akh y busca algo enterrado en Washington, “pocos hombres conocían su existencia… y todavía menos conocían su impresionante poder o la ingeniosa forma mediante la que había sido escondido. Hasta el día de hoy seguía siendo el mayor secreto del país”. Mal’akh traza un plan para descubrir lo que unos pocos habían ocultado “bajo un velo de símbolos, leyendas y alegorías”.

En la novela aparecen otros muchos personajes que añaden misterio y suspense a la trama, al ser portadores de secretos ocultos que van complicando la investigación de Langdon. Entre ellos destaca Inoue Sato, Directora de la Oficina de Seguridad de la CIA, “un personaje temible” a pesar de su escaso metro y medio de altura. “Poseía un elevadísimo coeficiente intelectual y unos instintos de escalofriante precisión, una combinación que la había dotado de una temible seguridad en sí misma para todo aquel que no pudiera llevar a cabo lo imposible. Parecía indestructible.”

Con estos personajes principales, la novela realiza un recorrido electrizante por diferentes lugares de Washington, muy conocidos algunos de ellos y novedosos otros, desvelando las influencias masónicas que inundan los edificios de la ciudad. En un momento de la novela se afirma que “nuestra nación está repleta de secretos e historia oculta. Y exactamente igual que en Europa, los mejores secretos están escondidos a la vista de todo el mundo”.

Mi opinión general es que como best seller la novela cumple todos los requisitos para entretener y pasar un buen rato con su lectura. Brown domina el género y nos ofrece una historia que combina sociedades secretas (masones y rosacruces), enigmas, asesinatos, un peculiar asesino, descripciones de lugares insólitos, experimentos, investigaciones de la CIA, códigos ocultos, juegos de palabras y múltiples personajes que esconden oscuras intenciones.

En cuanto a los temas que trata, Brown vuelve a incluir en esta novela declaraciones que pueden abrir encarnizados debates. Creo que el mismo Brown ha querido ironizar en su novela sobre su vena polémica. Al principio de la historia, una mujer se acerca a Robert Langdon y le comenta el revuelo que había causado su anterior libro: “¡Está claro que a usted le gusta alborotar el gallinero!”. Bueno, pues eso es lo que hace Brown, alborotar el gallinero.

Pero antes de entrar en debates hay que que analizar las palabras que el autor escribe en la introducción, donde afirma que “todas las organizaciones que se mencionan en esta novela existen. Todos los rituales, la ciencia, el material gráfico y los monumentos que aparecen son también reales”.

Con esta declaración, podemos debatir si los rituales masónicos y la descripción que se hace de los edificios de Washington se corresponden con la realidad, pero no podemos entrar en debates sobre las afirmaciones polémicas que se realizan sobre la Masonería, que es presentada como una tradición de tolerancia y fraternidad espiritual abierta a todo el mundo, ya que el autor no afirma en ningún momento que estas afirmaciones sean ciertas.

Lo mismo ocurre con las referencias bíblicas, sacadas de contexto y mal interpretadas, pero están en boca de personajes de ficción y en ningún momento el autor hace alusión a que sean referencias históricas o reales.

Y, para finalizar, podemos extender esta conclusión a las referencias surrealistas que se hacen sobre los Padres Fundadores de los Estados Unidos. El autor trata estos temas únicamente en el terreno de la ficción y es allí donde los debemos dejar.

Sí que puede dar a confusión la afirmación de que la ciencia que aparece en la novela es real, ya que la ciencia noética pertenece al terreno de la ciencia ficción y los descubrimientos que se citan en la novela son totalmente descabellados, aunque dan mucho juego en el desarrollo de la trama.

Pero, lo dicho, el que quiera participar en el alboroto del gallinero, allá él… yo no pienso hacerlo.

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3 comentarios:

Noa Alarcón dijo...

Es lo que pasa con Dan Brown, mucha parafernalia pero originalidad, poquita. Lo malo es que hay libros que también son buenos best-sellers y son mucho más entretenidos e inspiradores y la gente se gasta el dinero y el tiempo en estas birrias... En fin. Sólo hay que ver eso de que el nombre del villano es la transcripción literal de la palabra hebrea que significa "ángel", o sea: "mensajero". Pero aquí también se ve lo cómodo que trabaja Dan Brown y lo poco que "prepara" sus novelas: que esa transcripción es la que se hace en inglés. O sea, que lo ha buscado en internet o en algún librito inglés. Nada de hebreo, vamos. Un genio el tipo.

César Emmanuel Pérez dijo...

La fórmula que sigue Brown es de sobra conocida, los elementos utilizados y las situaciones son repetidas en sus textos, sin embargo es una lectura disfrutable, que a los gustosos del suspense nos atrapa. Brown lo volvió a hacer y yo lo estoy leyendo con gusto.

B. Miosi dijo...

Personalmente creo que Brown sí h trabajdo mucho en el libro. La gran cantidad de datos, ficticios o no, requieren de una elaborada imaginación. No creo justo que se diga que lo ha recogido de algún librito inglés o sacado de Internet, y si así fuera, lo hizo de manera laboriosa. Otra cosa es que el libro sea original, que no lo es. Lo bueno de sus libros es que tienen un estilo que atrapa al lector y es lo que hace que la gente compre sus libros.