La globalización, el funcionamiento de una empresa, la devaluación de la moneda, los Presupuestos General del Estado y otros términos que nos pueden resultan extraños, son explicados con una sencillez increíble y sin dejar en ningún momento su ironía y sentido del humor. Hay capítulos realmente memorables, como el número 4 en el que compara los Presupuestos Generales del Estado con los Presupuestos de su familia. Su claridad contrasta con la actitud de los políticos, quiénes, según el autor: “explican las cosas para que no se les entienda”.

La crítica a todos los responsables de la crisis va unida a un espíritu optimista y constructivo que defiende “la cultura del esfuerzo”. Afirma que hay que considerar que el tiempo que estamos viviendo es el mejor para nosotros, porque no tenemos otro y es en el que Dios nos ha puesto.

Las conversaciones en ese bar cerca de San Quirico son un canto a la inteligencia y la sabiduría. El autor dice que “la gente debe exigir que se les hable de forma inteligente”. Sin duda, él ha predicado con el ejemplo. ¡Gracias, Leopoldo!
Los principios expuestos los podemos encontrar a lo largo de toda la Biblia, la “Norma moral objetiva”. Seguir estos principios ha cambiado vidas, familias y países enteros. ¡La mejor noticia es que puede seguir haciéndolo!
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