lunes, 3 de octubre de 2011

"Blanco bueno busca negro pobre"

“Blanco bueno busca negro pobre” (Roca Editorial, 2011) es una crítica demoledora a los organismos de cooperación y las ONG. Su autor, Gustau Nerín, es un antropólogo que parte de su experiencia y su conocimiento del continente africano, para desmitificar la cooperación internacional y ofrecernos un análisis crítico, plagado de ironía, contundente, sin tapujos, crudo, en el que se señalan todos los errores que se están cometiendo y en los que todos tenemos parte de responsabilidad.



El autor hace una aclaración inicial para señalar que no pretende hacer una crítica de los cooperantes, ya que entre ellos hay personas competentes y generosas, así como incompetentes y malévolas, como en cualquier profesión y área de la sociedad. El problema no son los cooperantes, sino el sistema, “en el mundo de la cooperación se encuentra gente de mucho valor. Pero de la existencia de buenos cooperantes no se pude inferir que los proyectos en que trabajen desarrollen África”.

El libro nos muestra de forma realista cómo 50 años de políticas de desarrollo en África no han servido para nada y se podrían resumir como “la historia de un fracaso”. Comienza dibujándonos un panorama desolador, mostrándonos un continente africano convertido en un inmenso cementerio plagado de proyectos abandonados, “hospitales que nunca llegaron a ser inaugurados, letrinas que no se utilizaron, granjas de pollos que han durado tanto como las subvenciones, guarderías en ruinas que jamás han visto un niño, ordenadores viejos parados por falta de electricidad… fuentes averiadas, vacunas caducadas, quirófanos sin estrenar”.

En cada uno de los capítulos descubriremos a los culpables de esta situación y nos daremos cuenta de que todos participamos de esta gran mentira: políticos occidentales, dictadores africanos, organismos internacionales, ONG, medios de comunicación y una opinión pública que no quiere conocer la vedad.

El autor se atreve a denunciar algo que es un tema tabú. Desmonta todo el sistema de ayuda al desarrollo ofreciendo datos y fechas, sin dejar lugar a la duda. Con indignación y vergüenza iremos conociendo la manipulación y la publicidad engañosa de las ONG y organismos en los medios de comunicación, la competencia entre organizaciones para conseguir fondos, el lujoso nivel de vida de muchos cooperantes y funcionarios a costa de los fondos de ayuda, la falta de conocimiento de la realidad africana y de la cultura de sus países y la descoordinación en los proyectos.

La desmitificación de las ONG nos mostrará que “ni son no gubernamentales, ni son baratas, ni representan a los pueblos del Sur, ni son muy eficaces…”. Esta falta de eficacia se puede extender a los proyectos de ayuda oficial al desarrollo, en los que los Estados no dan de forma altruista, no intentan solucionar el problema de la pobreza en el mundo, sino que lo hacen “para evitarse problemas como el terrorismo o las migraciones, para satisfacer al electorado y, sobre todo, para encontrar nuevos mercados para su producción”. La ayuda no va a los más necesitados sino a aquellos que más nos puedan interesas.

Asistiremos a todo tipo de campañas y eventos que sirven para que los occidentales aliviemos nuestras conciencias, pero poco más. Actos solidarios, campañas protagonizadas por famosos, caravanas de ayuda, empresas ofreciendo sus stock, sin importarles si “lo que les sobra es lo que necesita el continente africano, ni si en África hay medios para distribuir lo que ellos ofrecen”. La responsabilidad no es únicamente de dirigentes y políticos, los ciudadanos de a pie somos también culpables de participar en unas campañas que han convertido a África en el vertedero de Europa, donde va a parar lo que nos sobra, de esta forma, “con un esfuerzo mínimo, podemos sentirnos inmensamente buenos”.

Los líderes y dictadores africanos no se escapan de la crítica. Se muestra cómo, después de 50 años desde las independencias, siguen explotando hábilmente el sentimiento de culpa de los blancos y echando la culpa del atraso de sus países a los colonizados. Parte de la culpa la tienen también determinadas “corrientes progresistas que nos han querido hacer creer que los negros son inocentes por naturaleza, y que fueron los blancos los que llevaron a África la guerra, el odio y la injusticia”. La realidad es que nos encontramos ante dictadores que se enriquecen, mientras oprimen a su pueblo y lo dejan vivir en la miseria más absoluta.

El libro finaliza con una sección en la que se reta a una solución basada en cambios estructurales, no en unos proyectos de cooperación que “a menudo no alivia los problemas de África, sino que los agrava”. Aunque solo el 10 % del contenido de este libro fuera cierto, ya sería suficiente para replantearnos todo este “gran negocio que es la industria del desarrollo”.

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2 comentarios:

Resplebis dijo...

Hola Miguel Angel, como lector africano, con este libro aquí al lado del ordenador, y parte de este tinglao del que habla Nerín, no sino decir que confirmo lo que a grandes rasgos ya sospechaba. Esta industria del desarrollo que da trabajo a 19 millones de personas y tiene presupuestos de superan el PIB de países y países juntos no podía ser bueno si era la supuesta bondad de unos, aplicados a la presunta miseria de otros. Y obviamente, de este libro no hay publicidad, porque atacan a todos los poderes... pero no puedo gradecer más la idea inversión de 2 euros que me ha costado el libro en el Cashconverters! Un saludo, comparto tu entrada en Facebook, si me lo permites, claro. Hasta pronto.

Miguel Ángel dijo...

Hola Resplebis.
Gracias por tu comentario, por supuesto que puedes compartirlo, para eso está.
Espero que algún día podamos tener mejores noticias... ¡un abrazo!