viernes, 24 de noviembre de 2017

Eso no estaba en mi libro de historia de la gastronomía

Cuando el mundo de la gastronomía está de moda, ofreciéndonos todo un abanico de posibilidades, con programas de televisión, documentales y libros que ofrecen recetarios y manuales para aprender a cocinar y convertirse en "grandes chefs", editorial Almuzara nos ofrece una obra diferente, que nos acerca al universo gastronómico desde la perspectiva histórica, con Eso no estaba en mi libro de historia de de la gastronomía, de Myriam Sagarribay, que nos invita a realizar un "apasionante y minucioso recorrido por la ciencia y la historia de los alimentos y la gastronomía".


Myriam Sagarribay es licenciada en Historia por la universidad de la Sapienza de Roma. Ha desarrollado sus actividades en campos como la Reestructuración Histórica, en el departamento Bianchi Bandinelli de Roma; o en el departamento de Asuntos Sociales del Pacto Andino.

Es consejera editorial de Egeria, Publicaciones Facsimilares, participando en ediciones como Las Ordenanzas de Burgos, el Tratado de Tordesillas o la Carta de Juan de la Cosa. Ha sido portavoz y vicepresidenta de la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Alejandría (1991-2003), y colaboradora del Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH de México (1992-2016).

Ha impartido conferencias en universidades como la Autónoma de Puebla o la Autónoma de México. Es autora de numerosos artículos y publicaciones, entre las que cabe destacar: El Egipto grecorromano (Unesco), Los Seleucos, (Egeria); Grecia después de Alejandro (Unesco).


En este libro la autora va más allá de "boom gastronómico" para adentrarse en la esencia de una ciencia "que por sí sola reúne todos los avatares del ser humano: siglos de historia, de esfuerzos, de logros e imaginación". Estamos así ante una obra que mezcla historia y gastronomía, realizando un recorrido por los alimentos del Viejo y del Nuevo Mundo, así organizados y presentados en el libro, desvelando episodios, curiosidades, detalles y anécdotas que han sido omitidos y han pasado desapercibidos a la hora de tratar esta ciencia.

La sal, los pescados, las carnes, los lácteos, los cereales, el hidromiel, el olivo, los vinos, el altramuz, el arroz, el melón, las setas, la cebolla, el ajo, el perejil, el incienso, la mirra, el azafrán, la pimienta, el clavo de olor, la pera, el almendro, el castaño, la granada, la miel, los dátiles, el algarrobo, la caña de azúcar, el café, la batata, el tomate, el frijol, el maní, la calabaza, el maguey, el nopal, la palta, el girasol, el cacao, la vainill, entre muchos otros, son los alimentos que la autora desgrana, pero yendo más allá de sus propiedades y usos, para mostrarnos que junto a ellos, se esconden historias de dioses, pasiones, leyendas, conquistas  e intrigas, en las que tragedia y épica se dan la mano.

Y a partir de aquí sólo queda dejarse llevar por un viaje apasionante, lleno de datos curiosos que nos van a sorprender y van a provocar que, a partir de ahora, miremos lo que comemos de forma diferente, apreciando no sólo el sabor y propiedades del alimento que tenemos delante, sino la riqueza histórica que se esconde detrás, los logros y fracasos de su periplo a lo largo de los siglos hasta llegar a nuestro plato.

Descubriremos, por ejemplo,  que la sal desde la Edad Media era monopolio de los estados, y que en Italia se vendía en los estancos junto con el tabaco; que los griegos eran los mejores panaderos de la antigüedad, un oficio masculino, a diferencia de Roma donde las mujeres eran las encargadas de su elaboración; que la cerveza en el antiguo Egipto era considerada un alimento y no una bebida; y que en Roma el vino blanco lo bebían los ricos y el tinto los pobres.

Igualmente, y dentro de este contexto, la autora revelará el fracaso que supuso la importación del olivo a Cuba cuando los españoles llegaron al Nuevo Mundo, el clima caribeño no era apto para este tipo de cultivo; que garbanzo es una de las pocas palabras de la que, según la Real Academia de la Lengua, se desconoce su origen; y que algunos reyes cristianos de la Edad Media prohibieron su cultivo de arroz en zonas próximas a las ciudades, bajo de pena de muerte, o cómo  un grupo de monjes aconsejó  al Papa Clemente VIII que prohibiera el café por ser de origen infiel; el Papa lo probó y no dudo en bautizarlo para admitirlo cristianamente.

Una propuesta irresistible, muy atractiva, para devorar y degustar sorbo a sorbo, página a página.

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