Cliff es el joven protagonista de la novela, hijo de un miembro del Consejo. Su padre pertenece a los arcontes, los miembros del Consejo que dominan el mundo y cuyas familias, los patricios, gozan de una situación de privilegio en la sociedad.
El joven aspira a suceder a su padre como arconte y ansía ser historiador, algo inusual entre los jóvenes uranos. Había mostrado gran avidez por conocer el pasado y está convencido de que le iba a ser de mucha utilidad cuando sucediera a su padre. El estudio del pasado ha ido abriendo en su mente la idea de que existe una corriente subterránea que enlazaba toda la historia de la humanidad y ha detectado que en el pasado la mano del Consejo había estado detrás de ciertos misterios políticos.
Cliff cuestiona la mano dura de la casta superior, pero se siente orgulloso de pertenecer a ella. Siembre había considerado a los dalits como bestias repulsivas, pero un encuentro fortuito con uno de ellos le siembra la duda al encontrar en su mirada una intensidad casi humana. Además, una inquietud crece en su interior, no entiende por qué el Consejo no terminó con los seres del inframundo y se propone descubrir la razón por la cual permitían la subsistencia de sus enemigos subterráneos.
La vida de Cliff se cruzará con la de varios habitantes del submundo. La bella y fiera Zeit, que buscará vengar la muerte de su madre y que recibirá de esta una sorprendente revelación antes de morir. Rudra, tullido y sabio, que encuentra unos libros desechados por los uranos y se obsesiona con la idea de descifrarlos algún día. Protegido por su amigo Cotto, gigantesco y autista, hace excursiones clandestinas para saciar su avidez de conocimiento.
Juntos emprenderán una cruzada para despertar a los dalits contra el Consejo. Sus armas serán el conocimiento arrancado de los viejos libros encontrados por Rudra, la valentía y la justicia de su lucha. Por su parte, Cliff se enfrentará a su propia identidad y a las garras crueles e implacables del Consejo.
Con múltiples referencias mitológicas, Los hijos del tiempo es una historia de amor, aventura y justicia, que denuncia los totalitarismos ideológicos y la religión utilizada como herramienta de poder. La novela es una advertencia de la autora para nuestra sociedad, “existe hoy toda la información para armar el rompecabezas y descubrir el mundo en el que viviremos si no comprendemos nuestras acciones y damos pasos hacia una nueva dirección, la cual es perfectamente viable. Los hijos del tiempo no es una fantasía, sólo es la proyección de nuestra realidad”.
Estamos ante un grito desesperado en busca de libertad, y no encuentro mejor final para esta reseña que las palabras de Jesús en los evangelios, presentándose como la verdad anhelada por los hombres: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.
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