domingo, 5 de abril de 2015

La espada de Atila

La espada de Atila, de David Gibbins (ed. Esfera de los Libros, 2015) es una novela histórica sobre el rey de los hunos, basada en los juegos de estrategia Total War, desarrollados por Creative Assembly y publicados por SEGA.


David Gibbins es autor de siete novelas históricas, entre las que destaca el éxito internacional Atlantis. Profesor e investigador en Cambridge y en diversas universidades inglesas, durante una década dio clases de Arqueología, Historia Antigua e Historia del Arte. Dejó la enseñanza para dedicarse a la literatura. Es un apasionado submarinista y ha dirigido numerosas expediciones en las que han llegado a hacerse hallazgos de más de diez mil años de antigüedad.

Con esta novela nos ofrece, además de una entretenida aventura ambientada en el s. V. d.C., con el Imperio romano al borde del colapso, un recreación histórica documentada con detalle que incluye una introducción histórica, mapas, glosario, personajes históricos, sumario de fuentes históricas y arqueológicas de la novela y una amplia nota final en la que el autor proporciona un breve acompañamiento histórico a la novela, incluyendo un relato de los últimas días del mundo romano de Occidente, la administración del imperio, el impacto del cristianismo, los debates teológicos entre San Agustín y Pelagio, y el ejército romano del siglo V d.C., organización, estructura, armas y sistema de reclutamiento.

Un menú completo, con la novela como plato principal, que nos hacen viajar hasta el siglo V para comprender algunas de las claves principales del que fue “uno de los períodos más trascendentales de la historia, una época de agitaciones violentas y guerras que marcaron la transición del mundo antiguo al principio de la Edad Media”.

La novela nos sitúa en Cartago, con el imperio romano en decadencia, tres décadas después de que Roma fuese saqueada por un ejército de nómadas godos y habiendo perdido su actitud ofensiva de antaño para dedicarse a frenar las invasiones bárbaras que amenazaban con destruirlo. Con la amenaza de un ejército vándalo que está asolando los dominios romanos en el Mediterráneo, dos hombres preparan a lo que queda de la Vigésima Legión Valeria Victrix para frenar al enemigo.

Se trata de Macrobio, un centurión curtido, encargado de conformar la unidad de reconocimiento entre las tropas fronterizas del desierto que había ido llegando a Cartago ante la amenaza del oeste y del tribuno Flavio Aecio Segundo, sobrino de Aecio, magister militum del imperio romano de Occidente, el segundo en el poder solo por detrás del propio Valentiniano. Aunque en la línea del frente, las conexiones familiares no eran relevantes, solo el valor de mantenerse firmes y luchar hasta la muerte.

La situación del destacamento es precaria, no hay ninguna esperanza de que lleguen refuerzos y “la defensa de Cartago era ahora una mera cuestión de mantener el prestigio y el honor de Roma, de combatir hasta la muerte, de una valentía suicida”. Un personaje se cruzará en sus caminos, el enigmático monje Arturo, escriba del fallecido Agustín de Hipona, poseedor de una misteriosa espada y custodio de las obras de Agustín que intentaba poner a salvo.

Sus vidas se verán unidas desde ese momento en el presente y en el futuro para hacer frente a algo más peligroso aún que la amenaza de los vándalos, una fuerza oscura procedente de las estepas, más allá de Danubio, con un nuevo líder, Atila, erigido como rey los hunos. Juntos emprenderán una misión audaz, suicida, que podría cambiar el curso de la historia y en la que el futuro del imperio occidental está en juego. Una misión en la que Prisco de Panio se convierte en pieza principal para conseguir su objetivo, cuyo éxito depende de un misterioso objeto, la espada sagrada de Atila, “el símbolo más potente de la guerra jamás portada por un hombre”.

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