martes, 9 de agosto de 2011

"Los milagros del vino"

“Los milagros del vino”, de Jesús Sánchez Adalid (ed. Planeta, 2010) es una novela histórica magníficamente ambientada en la ciudad de Corinto del siglo I, protagonizada por un personaje angustiado y deprimido en busca de un sentido a su existencia.

Podalirio, senescal del santuario Asclepion, donde sirve al dios de la medicina, tiene más de 40 años y se siente viejo, lleno de melancolía. Con nostalgia recuerda los tiempos de su infancia cuando su padre, sacerdote de Apolo, enloqueció y fue curado milagrosamente, entregando a su hijo, en señal de agradecimiento, a la casa del gran dios del Epidauro.

Ahora disfruta de una posición relativamente acomodada, tiene un hijo y lleva más de 30 años casado con Nana, “una mujerona dominadora”, segura de sí, ordenada y feroz defensora de la casa.

Podalirio vive una crisis existencial, “últimamente tenía el alma cavilosa y exaltada, abrumada por el poso y el sedimento del pasado, y le asustaba sobre todo la vaguedad de su memoria más antigua”. Los rituales religiosos, las prostitutas sagradas y las oraciones mágicas no le consolaban, al contrario, intensificaban su desazón y pena, “anhelaba que sucediera algo inesperado y extraordinario, algo que había intuido siempre sin saber qué era”. Además, la superstición que rodeaba a la religión que practicaba le llenaba cada vez más de dudas, las historias de sus dioses no le satisfacían, le producían un hondo sufrimiento interior y una gran compasión por el dolor humano.

Su carácter ensimismado y meditabundo se había acrecentado y su mujer le empuja a un cambio de actitud, que producirá efectos inmediatos y le situará en una posición de privilegio que tampoco le satisfará.

Comienza así una carrera desesperada por encontrar sentido a la vida, sintiéndose oprimido y prisionero de una existencia monótona, cuando conoce a una mujer que había vivido en la ciudad de Listra. Ésta le cuenta una historia fascinante sobre dos misteriosos hombres judíos que hicieron milagros en aquella ciudad y a los que tomaron por dioses. Casualmente, uno de estos hombres está ahora en la ciudad de Corinto. Podalirio acude a conocerle con cierto escepticismo y descubrirá a un personaje fascinante que le habla sobre las profecías judías relativas a la llegada de un Mesías, que vivió en Galilea y que fue condenado a muerte, ejecutado, pero sus seguidores predicaban que había resucitado.

El protagonista decidirá viajar a Palestina para averiguar personalmente la verdad, con el objetivo de seguir los pasos de Jesús, el Mesías, y descubrir si lo que cuentan sobre él es cierto. Es en este momento, cuando la novela parece que va a alcanzar su punto culminante, en el que el libro baja en su rigor e interés, quedándose en lo superficial y dejándose llevar el autor en exceso por la imaginación para concluir con un final decepcionante.

Aún así, estamos ante un libro de gran interés, que nos ayudará a comprender los comienzos del cristianismo, y el contraste entre la cultura griega y la judía y, especialmente, con la “nueva noticia” que los cristianos predicaban. Entenderemos la visita del apóstol a Corinto narrada en el libro de Hechos capítulo 18, al conocer con detalle el contexto de la ciudad más célebre por su libertad de costumbres. Mediante una ambientación detallada y rigurosa, descubriremos las circunstancias de “una ciudad entre dos mundos”, enlace de vías marítimas importantes, lugar de paso de todo tipo de gente“, con una población frívola en extremo y turbulenta. “Todo en Corinto pretendía ser novedoso, flamante y transitorio, como el amor al dinero y el siempre despierto deseo de placer”.

El autor nos acerca también a la figura del procónsul romano Galión y al origen del evangelio escrito por el médico Lucas. El vino se convertirá también en protagonista del libro, como ilustración del valor espiritual de la vida y de la renovación y libertad.

Reseña publicada en MujerdeHoy.

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