sábado, 21 de mayo de 2011

"El sueño de la razón", de Juan Antonio Monroy

“El sueño de la razón” (ed. Clie, 2006) del escritor y periodista Juan Antonio Monroy, es un excelente libro que mezcla dos temas que, como habréis comprobado, son protagonistas principales de este blog, literatura y espiritualidad. El libro es “una radiografía al alma de escritores famosos”.


Juan Antonio Monroy nos deleita con una obra repleta de una erudición que no le impide mostrar una sensibilidad exquisita con las luchas y conflictos de los protagonistas, “Las páginas que siguen son una pequeña muestra de eso que Browne llama ligazón de los sentidos y libertad de la razón. Aquí se ligan, se ensamblan ideas de hombres y mujeres que dejaron en libertad el pensamiento, utilizaron la razón como instrumento creativo y dieron a la humanidad páginas admirables”.

El libro realiza un recorrido por la vida y la obra de los diferentes autores para detenerse en los aspectos espirituales y morales, reflexionando, analizándolos e invitando al lector a participar en este viaje por la literatura y, particularmente, por la razón que, en contra de lo que pueda creerse, no está reñida con la fe, todo lo contrario, el autor nos invita a “convertir la razón en un nuevo universo donde nuestros sueños tengan proyección eterna”.

Una primera parte, titulada “Los Reinos Interiores” se detiene de forma extensa en cuatro autores, Gabriel García Márquez, “Dios existe en Macondo”, Federico García Lorca, “El tiempo y la eternidad”, Juan Ramón Jiménez, “A Cristo por la palabra”, Gerardo Diego, “Todos los muertos son iguales”.

Con García Márquez y su novela “Cien años de soledad” viajamos a Macondo para descubrir, por una parte, el anticlericalismo del autor, ridiculizando dogmas, creencias y símbolos de la iglesia católica; pero, por otra, encontramos una fuerte influencia bíblica y una teoría según la cual las siete generaciones contenidas en la novela se corresponden con diferentes etapas de la Biblia. El autor también realiza un interesante análisis sobre el lugar que Dios y la muerte tienen en la novela.

En este capítulo encontramos una curiosa anécdota, cuando el autor conoció a García Márquez en el año 1985 y le preguntó que significaba el “Macondo, Dios existe” que aparece en el tercer capítulo de la novela. La respuesta resulta de los más enigmática e interesante…

En lo referente a Federico García Lorca no insiste en el tema de su muerte del que tanto se ha escrito, sino que se adentra en un tema menos estudiado, el religioso. El autor vuelve a realizar un análisis breve pero convincente que le lleva a afirmar que Lorca “no fue un escritor católico. Lorca dio pruebas de ser escritor anticatólico en determinados momentos de su vida. Pero Lorca no fue un escritor ateo”. A lo largo de su obra encontramos una búsqueda de lo trascendental que Monroy investiga de forma acertada.

En el capítulo dedicado a Juan Ramón Jiménez, anticlerical y anticatólico, el autor nos devela la huella permanente de Dios en la poesía del autor de “Platero y yo”, algo que Monroy señala que no tiene nada de excepcional ya que “el sentimiento religioso nace con el hombre y aun los ateos declarados palpan su realidad. Ya se tome a Dios como Absoluto o como Persona, es difícil que un poeta pueda escapar de su influencia”. Su evolución resulta de lo más curiosa y comprobamos cómo, al final de sus días se acercó a la persona de Jesucristo, diferenciándola de la hipocresía que había encontrado en la institución católica, “voy a su palabra sin adorno, sin vano comentario escolástico, sin santos padres, sin Papas, sin muros, voy a su palabra aislada de El Libro como aun campo de margaritas en primera humana o como un espejo de luz en el humano invierno”. El último capítulo de esta primera parte tiene como protagonista a Gerardo Diego, poeta que creía “en la existencia de Dios, en su inmanencia y en sus trascendencia”.

En la segunda parte, “Melancolía”, hay una mayor variedad de autores y obras, con un examen de ideas más breve, pero igual de interesante, sumergiéndonos en un mar de luchas espirituales y dudas trascendentales por parte de los protagonistas. Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Benito Pérez Galdós, Manuel Azaña, Herman Hesse, Sigmund Freud, Stephen Hawking, Graham Greene, León Tolstoi, Tagore, Albert Camus o Víctor Hugo, entre otros, serán protagonistas de esta sección.

Comienza con “San Manuel Bueno, mártir”, obra en la que Unamuno “trasladó la constante preocupación por el tema de la fe y la inmortalidad del alma, que le embargó a lo largo de toda su vida”. La vida de Unamuno es una lucha entre “su yo agónico de creyente y su otro yo de permanente duda y de incredulidad”. Seguiremos con otros escritores que se rebelaron contra la religión superficial, impuesta e hipócrita y afrontaron todo tipo de inquietudes y dudas existenciales.

Resulta desgarrador observar cómo muchos de los escritores españoles perdieron la fe “porque el cristianismo que les hicieron conocer cuando niños les defraudó completamente a la hora en que fueron capaces de pensar por sí mismos. Y, tras el desencanto, no les quedaron ganas para otras exploraciones religiosas”. Pero, afortunadamente, éste no es el verdadero cristianismo y en el libro encontraremos otros ejemplos como el de Dámaso Alonso o Juan Ramón Jiménez, que consiguieron ver más allá de tanta hipocresía.

Creo que el mejor colofón a esta reseña es el párrafo final de capítulo dedicado a Benito Pérez Galdós, “cuando el ser humano sea capaz de despojarse de todos sus fanatismos religiosos; cuando mate la duda en su cerebro y la fe ilumine su intelecto con claridad celestial; cuando aprenda a mirar el rostro de Dios sin miedo y a responder a sus palabras sin titubeos; cuando esté plenamente convencido de que Dios le quiere, le ama, le busca desde la eternidad de los tiempos, habrá encontrado su verdadero lugar más acá del sol y acabará la noche con una oración de esperanza”.

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