sábado, 18 de diciembre de 2010

"¿Cuánto pesa el alma?"

Este libro cuenta las historias de científicos cuyas ideas parecieron estrafalarias, peculiares o directamente chifladas a sus contemporáneos, pero que mantuvieron el tipo a pesar del ridículo, la represión y la persecución”.

El científico Len Fisher realiza en su libro “¿Cuánto pesa el alma?” (ed. Debate, 2009) un paseo por los experimentos más descabellados que han dado lugar a descubrimientos excepcionales.

Con rigor y con un tono divertido, el autor presenta casos en los que sus protagonistas demostraron que la ciencia y el sentido común no siempre coinciden. Algunas de las ideas fueron descabelladas y se extinguieron; otras, a pesar de parecer extravagantes, sobrevivieron y pasaron a formar parte del trabajo científico cotidiano. En el libro se nos muestran ejemplos de ambas situaciones. Aparecerán científicos que lucharon por defender sus teorías y que, en muchos casos, perdieron sus batallas a pesar de que tenían buenos argumentos.

El contenido de este libro nos demuestra “que hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que podríamos soñar, y los científicos han tenido que invocar repetidamente la existencia de cosas que están fuera del alcance de nuestra imaginación, solo para encontrar sentido a las cosas que podemos ver, palpar y medir."

Comienza con el tema que da título al libro. El científico MacDougall, a principios del siglo XX se propuso demostrar que el alma era material y pesaba. Sus resultados fueron extraordinarios, pero nadie ha intentado repetir sus experimentos. El segundo de los experimentos, relacionado con el movimiento, tiene como protagonista a Galileo, quien “fue el primer científico que contrastó la lógica con el experimento, y que aceptó el experimento como la verdadera prueba de una idea”. Ya sabemos que a la Inquisición sus experimentos no le hicieron mucha gracia y le arrestaron aunque, como bien se señala en el libro, el arresto se acabó volviendo en su contra y, sin pretenderlo, nos hicieron un favor con su intransigencia…

Como no podía ser de otra forma, las teorías de Newton protagonizan otro de los capítulos. Aunque en la mayoría de los casos Newton tenía razón, en esta ocasión se presenta la única cuestión en la que se equivocó: la naturaleza de la luz. Un médico de Londres, Thomas Young, se enfrentó a la teoría de Newton, ganándose el desprecio de todos sus seguidores.

¡¡¡Un corsé!!! Sirve como punto de partida para una controversia sobre la forma de los pararrayos que se ha resuelto gracias a los conocimientos modernos sobre el rayo y la electricidad.

La alquimia también tiene su lugar en un capítulo sorprendente que desvela la historia de Robert Boyle, un químico del siglo XVII que mezcló la química moderna y la alquimia antigua. El autor demuestra que la química actual está en deuda con la alquimia, aunque de una forma muy curiosa y original.

El libro adquiere tonos más oscuros cuando aparece la figura de Luigi Galvini, científico italiano que experimentó los efectos de la electricidad en los cadáveres y cuyos shows fueron la fuente de inspiración de Mary Shelley para escribir “Frankenstein”.

El último capítulo termina con una controversia transcendental, que afecta al sentido de la vida. ¿Consiste la vida en el funcionamiento de seres orgánicos según leyes físicas o tenemos los seres vivos una especie de “fuerza vital”?

Me parece muy interesante la conclusión final del autor: La ciencia ha conseguido dar explicación a muchas dudas y enigmas del hombre, pero “hay multitud de preguntas que son demasiado importantes para no hacerles caso, pero demasiado difíciles o imposibles de responder solo a base de observaciones físicas.” El autor las deja en el ámbito de la fe como “patrimonio” de la filosofía y la religión.

El libro se completa con un curioso apéndice sobre “Misterios necesarios” y una amplia sección de notas al final que complementa y enriquece el libro con datos muy curiosos.

Me gusta mucho el tono conciliador de todo el libro, huyendo de enfrentamientos ciencia-fe y reconociendo que la ciencia tiene mucho de fe ya que “los científicos han llegado a tener fe en la existencia de toda una gama de entidades y efectos que estarán siempre fuera del alcance de nuestra experiencia directa”.

(Reseña Publicada en MujerdeHoy.org)

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