jueves, 25 de febrero de 2010

"Las manzanas de Erasmo"

El escritor extremeño José Antonio Ramírez Lozano ha resultado ganador del XXVIII Premio de Novela Felipe Trigo con su obra "Las manzanas de Erasmo" (ed. Algaida, 2010), una novela que nos lleva hasta la España de la Contrarreforma en el siglo XVI.

El protagonista de la novela es Valerio de Sandoval, prefecto de liturgía de la catedral de Sevilla y discípulo de Fray Luis de León. Valerio no compartía con su maestro el amor por el campo ni la vida de ermitaño, él prefería el retiro urbano y estaba más interesado en los placeres mundanos que en las experiencias ascéticas. Defendía el gozo del cristianismo frente a una religión que se regodeaba en el sufrimiento.

Valerio le compra un relicario a un morisco. El objeto tiene dentro un poso oscuro, que podía ser el poso de la sangre de un mártir, ya que creía que era una reliquia sagrada. Pero en la base de la copa encuentra una inscripción: "Semen mali", que se puede traducir como "La semilla del mal" o "La semilla de la manzana".

El simbolismo que encierra la inscripción le intriga y decide investigar su verdadero significado. Una certeza comienza a cobrar forma, esa semilla podía ser la del manzano del Jardín del Edén (por cierto, la Biblia no dice nada de que el árbol fuese un manzano). El relicario es un objeto compremetedor para la iglesia y puede traerle serios disgustos con la Inquisición.

Cuando Valerio siembra la semilla, comienza una seria de peripecias que darán un giro a su vida, al llegar a obtener un puesto codiciado por largo tiempo, ser confesor del convento de San Leandro. Su anhelo no es por su preocupación por la salud espiritual de las monjas, sino porque allí se encuentra recluida su prima Evelina, el único familiar que le queda con vida y por la que siente una pasión desenfrenada.

En contra de las normas impuestas por la Inquisición, traducirá al castellano pasajes del Cantar de los Cantares para intentar conquistar el corazón de su amada. La semilla del manzano producirá una serie de acontecimientos que harán que pierda todos sus recelos, sumergiéndose en la conquista de su prima de forma totalmente apasionada.

La novela mezcla personajes ficticios con personajes reales, aunque Erasmo, cuyo nombre lo encontramos en el título, no aparece en todo el libro. Es el espíritu de Erasmo el que envuelve toda la novela, en la lucha del protagonista contra un sistema legalista impuesto por los hombres. Valerio acierta en su lucha contra las imposiciones del Inquisición, pero yerra en su interpretación de las Escrituras al utilizarlas para su propio provecho e irse al extremo del libertinaje. En este libro encontramos dos concepciones erróneas del cristianismo, la legalista y la libertina, y las dos sólo pueden llevar al desastre.

La novela tiene dos de sus puntos culminantes en las conversaciones que el protagonista tiene con el diablo y con la muerte. En su conversación con el diablo, Valerio expresa su deseo de relacionarse con un Dios amoroso, "Por encima de todo debe haber un ser grande que me quiera con sus ojos", pero el diablo vuelve a utilizar el engaño para esconder la realidad, "Jamás puede un ser como él tomar la forma de los hombres, sentir siquiera la piedad".

Valerio encarna el anhelo del ser humano por el paraíso perdido, por la búsqueda de una realidad que supere a esta vida de frustración. Aunque elige un camino equivocado al interpretar las Escrituras a su conveniencia, acierta al apostar por la traducción de la Biblia a la lengua del pueblo y desvelar las mentiras de un sistema religioso que, con la Inquisición como brazo ejecutor, se alejó de las raíces del cristianismo.

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